Buscamos. Pero no siempre buscamos bien, y por eso, no encontramos. Cuando en realidad, lo que buscamos, bien podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua.
La cantidad de cosas que abarcamos en nuestra búsqueda, tiene que ver inversamente, con la calidad de aquello que encontramos. Por ello es tan importante, saber detenerse. Sólo que, para que la mirada se detenga, es necesario poner el corazón.
Es necesario buscar con el corazón. Pero los hombres lo quitan. Temen ponerlo; temen quedar con el corazón expuesto; comprometido; implicado. No se dan cuenta, que así es como las cosas lo esclavizan, y los hombres, lo manipulan. Pero los ojos están ciegos y no se dan cuenta.

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